Dios en tres personas
Creemos en un solo Dios verdadero y viviente (Dt. 6:4), que existe eternamente en tres personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo (Mt. 28:19). Estas tres personas son de la misma sustancia, iguales en poder y gloria, y merecedoras de nuestra adoración.
Dios Padre: Fuente de toda vida y autoridad. Él ordenó todas las cosas desde la eternidad (Ef. 1:3-6).
Dios Hijo: El Verbo eterno, que se hizo carne para nuestra redención (Jn. 1:1,14; Heb. 1:1–3).
Dios Espíritu Santo: Es la tercera persona de la trinidad. Obra en la regeneración, santificación y consolación del creyente (Jn. 14:16-17; Ro. 8:14-16).
La Biblia
La Santa Escritura es la única regla suficiente, segura, infalible e inerrante de todo conocimiento, fe y obediencia salvadora (2 Tim. 3:16-17; Salmo 19:7-9; Mateo 4:4). Fue inspirada por Dios a través del Espíritu Santo y escrita por hombres que hablaron siendo impulsados por el Espíritu Santo de Dios (2 Pe. 1:21). Por tanto, es autoritativa en todo asunto de fe y práctica.
La revelación de Dios
Dios se ha dado a conocer de dos maneras:
Revelación natural: Por medio de la creación y la conciencia, dejando a los hombres sin excusa (Sal. 19:1-4; Ro. 1:19-20).
Revelación especial: Por medio de Su Palabra escrita y, supremamente, a través de Su Hijo Jesucristo (Heb. 1:1-2; Jn. 17:17).
La creación
Creemos que en el principio, Dios, por el poder de Su Palabra y para la manifestación de Su gloria, creó de la nada el mundo y todo lo que en él hay en el espacio de seis días, y todo ello bueno (Gn 1:1; Ex. 20:11; Jn. 1:3; Sal. 33:6; Col. 1:16). Creemos además que Dios creó al ser humano, varón y hembra, a Su propia imagen y semejanza como pináculo de la creación (Gn 1:26–27). También, les dio la misión de ciudar de la creación y llenar la tierra con su descendencia
El pecado
El pecado entró en el mundo por la desobediencia de Adán (Gn. 3:1-24), y por él, la muerte pasó a todos los hombres (Ro. 5:12). Desde entonces, la humanidad ha heredado una naturaleza caída (Ro. 6:23), totalmente incapaz de agradar a Dios por sí misma (Ef. 2:1-3). El hombre en su estado natural no tiene comunión con Dios y está muerto en sus delitos y pecados (Jer. 17:9; Ef. 2:1).
La redención de los pecadores
Dios, en Su gracia, proveyó redención mediante Jesucristo (Ef. 1:7), quien murió como sustituto por los pecadores (Ro. 3:23-26). Esta redención es aplicada por el Espíritu mediante la fe (Ro. 5:1), un don de Dios (Ef. 2:8-9). La Escritura también lo define como un “nuevo nacimiento” (Jn 3:3-8).
La obra perfecta de Cristo a favor de sus hijos
Cristo vivió sin pecado (Heb. 4:15), murió en la cruz como sacrificio expiatorio (Is. 53:4-6) y resucitó al tercer día (1 P. 1:3; 1 Co. 15:3-4). Su obra es perfecta, completa y suficiente para salvar eternamente a todos los que creen en Él. Hoy Cristo reina en su trono celestial e interceder por sus santos ante el Padre (Heb. 10:14-16).
La iglesia
La Iglesia es el pueblo de Dios, redimido por Cristo, llamado a vivir en comunión, adoración y misión. Cristo es su Cabeza, y los creyentes son su cuerpo (Ef. 1:22-23). El bautismo y la cena del Señor Son ordenanzas establecidas por Cristo para Su Iglesia. El bautismo es la señal de la unión con Él (Mt. 28:19; Ro. 6:3-4), y la Cena es un recordatorio de Su muerte hasta que Él venga (1 Co. 11:23-26).
Cielos Nuevos y Tierra Nueva
Creemos en la esperanza gloriosa del regreso de Cristo, quien juzgará a vivos y muertos (t 25:31-46). Los redimidos gozarán de la presencia de Dios en cielos nuevos y tierra nueva, donde no habrá más pecado ni muerte (: 2 Pedro 3:13; Ap. 21:1-5).